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Esquistosomiasis y fascioliasis en Angola: dos meses de trabajo de campo con apoyo de la Beca Semtsi Probitas

Esquistosomiasis y fascioliasis en Angola: dos meses de trabajo de campo con apoyo de la Beca Semtsi Probitas

15 diciembre 2025

Con el apoyo de la Beca Semtsi Probitas, la Dra. Alejandra de Elías desarrolló durante dos meses un estudio en la provincia de Benguela (Angola) centrado en esquistosomiasis y fascioliasis. El trabajo combinó diagnóstico parasitológico en población escolar y muestreo ambiental en aguas cercanas a las escuelas, para identificar posibles focos de transmisión y orientar futuras estrategias de control. 

¿Qué motivó tu participación y cómo surgió la oportunidad?

La oportunidad llegó gracias a la Beca Semtsi Probitas, organizaciones a quienes agradezco su apoyo. Desde que me gradué en Biología he orientado mi carrera a la Parasitología y al estudio de enfermedades tropicales desatendidas (ETDs), especialmente esquistosomiasis y fascioliasis. Este proyecto me permitió crecer a nivel personal y profesional y conocer de primera mano su impacto en la vida cotidiana de las comunidades.

¿Cuál era el objetivo principal y por qué Benguela?

Mi estancia se enmarca en un proyecto mayor que busca conocer la situación epidemiológica de ambas enfermedades en la provincia de Benguela. Me enfoqué en estimar la prevalencia en población escolar e identificar posibles focos de transmisión en tres municipios: Cubal, Capupa y Jambala. La esquistosomiasis es endémica en la zona y en Cubal se han descrito prevalencias elevadas en estudios previos. En fascioliasis hay evidencias en ganado observadas en mataderos, pero apenas datos en humanos, por lo que era clave determinar si existe riesgo para la población.

¿Qué actividades realizaste en el Hospital Nossa Senhora da Paz y en terreno?

Trabajé en el laboratorio y en terreno. Primero, coordinamos con las autoridades locales los permisos pertinentes. Luego, junto a los equipos locales, organizamos la recogida de muestras en escuelas: logística, información a los centros y gestión de consentimientos familiares. En cada escuela recolectamos orina y heces de los estudiantes, las analizamos en el laboratorio y entregamos resultados individualmente. En los casos positivos, se administró el tratamiento según los protocolos establecidos.

¿Cuáles fueron los principales retos logísticos?

Para trabajar con menores era imprescindible el consentimiento de padres o tutores. Hacíamos una primera visita a cada escuela para explicar el proyecto y resolver dudas; desde dirección se trasladaba la información a familias y alumnado. La firma no siempre fue sencilla: muchas familias trabajan en el campo por las mañanas y en algunas zonas no hay cobertura telefónica para confirmar la disponibilidad de consentimientos, lo que nos obligaba a desplazarnos para comprobarlo en persona. Gracias a la colaboración con los centros, la recogida se desarrolló con éxito.
 

¿Cómo fue el muestreo ambiental y el análisis de ADN ambiental (eDNA)?

Complementamos el estudio clínico con muestreo en puntos de agua cercanos a las escuelas, ya que ambas enfermedades se transmiten por caracoles dulceacuícolas. Filtramos el agua con membranas que retienen el ADN, lo extraemos y aplicamos una técnica PCR específica para detectar ADN de los parásitos y/o de los caracoles vectores. La detección indica presencia y ayuda a localizar posibles focos de transmisión. Es una herramienta reciente con gran potencial, porque permite estimar riesgo sin tener que capturar caracoles infectados, algo costoso y especializado.

¿Resultados preliminares?

Aún estamos analizando los datos. De forma preliminar, observamos una elevada presencia de esquistosomiasis urogenital en la población escolar de los tres municipios. En fascioliasis, por el momento no se han detectado huevos en heces mediante observación directa; será importante completar con técnicas más sensibles y contrastar con los resultados de eDNA.

¿Qué implicaciones tienen para la salud pública?

Actualizar esta información es fundamental para diseñar estrategias de control más eficaces, mejorar los programas de desparasitación y proteger a una población especialmente vulnerable.

¿Qué aprendizajes personales y profesionales te llevas?

A nivel personal, aprender a mantener la calma ante imprevistos y a ser flexible. A nivel profesional, valorar el enorme esfuerzo que implica obtener las muestras en terreno, algo que desde el laboratorio a menudo pasa desapercibido. Esta visión completa, desde la recogida hasta el análisis, ha enriquecido mi formación en enfermedades desatendidas.

¿Cómo te impactó trabajar en un contexto de recursos limitados y diversidad cultural?

Requiere flexibilidad y creatividad para resolver contratiempos sin comprometer el rigor científico. La colaboración con el equipo local fue imprescindible: trabajar con personas que hablan Umbundu y conocen las dinámicas comunitarias facilita el trabajo y asegura una investigación respetuosa y efectiva.

¿Alguna anécdota que te haya marcado especialmente?

En una escuela nos regalaron una gallina como muestra de agradecimiento. Un gesto precioso que refleja el cariño y la hospitalidad de las comunidades angoleñas.

Alguna reflexión final que quieras compartir.

La investigación solo tiene verdadero sentido cuando los resultados regresan a la comunidad que los hace posibles. Generar conocimiento es importante, pero más aún traducirlo en educación sanitaria, prevención y planes de control. La cooperación debe ser horizontal, basada en el diálogo y el aprendizaje mutuo con los equipos locales.