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5 claves para entender el Índice de Desarrollo Humano (IDH)

5 claves para entender el Índice de Desarrollo Humano (IDH)

¿Qué mide exactamente el índice de desarrollo humano? ¿La interpretación de este indicador refleja la realidad socio-económica de un país y las necesidades reales de la población? ¿Qué impacto tiene en las decisiones políticas que toma un país?

El Índice de Desarrollo Humano (IDH; en inglés, HDI) es una estadística utilizada para clasificar países por su nivel de "desarrollo humano". Es una medida comparativa que utiliza variables como la esperanza de vida, la alfabetización, la educación y el nivel de vida de un país. Es un indicador que mide el bienestar y se utiliza para distinguir si el país es un país desarrollado, en desarrollo o infradesarrollado. Pero también mide el impacto de las políticas económicas sobre la calidad de vida.

Este índice distingue entre países con "desarrollo humano muy alto", "desarrollo humano alto", "desarrollo humano medio" y "desarrollo humano bajo". El IDH lo ideó y empezó a utilizar el economista pakistaní Mahbub Ul Haq junto al economista indio Amartya Sen en 1990 para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de la ONU. Existen también estadísticas IDH para estados, ciudades, pueblos, etcétera; y para organizaciones locales o compañías.

5 claves para entender mejor qué mide el ID

1. Hay que distinguir entre el crecimiento económico y el desarrollo humano

El crecimiento económico hace referencia al incremento de la renta y la riqueza de un país, es decir, al aumento cuantitativo de los factores renta, capital y trabajo. El crecimiento económico de un país se mide por el incremento del Ingreso Nacional Bruto (INB) e ingresos por persona a través del INB per cápita.

El desarrollo humano se define como la mejora de las condiciones humanas y sociales enfocadas a satisfacer las necesidades básicas (tal y como destaca Paul Streeten en su ensayo Human Development: Means and Ends), la expansión de las capacidades de las personas (definidas por Amartya Sen en Development as Freedom) en consonancia con el ecosistema y las condiciones medio-ambientales. Es decir, mide en términos cualitativos la mejora de estos factores, además de implicar la sostenibilidad en la gestión de recursos.

2. La creación del Informe sobre Desarrollo Humano, que incluye el IDH, marca un antes y un después en la idea del desarrollo.

El informe sobre Desarrollo Humano, creado juntamente con el IDH en 1990, estableció un punto y aparte en la concepción de la idea de desarrollo. Desde entonces, es una fuente respetada sobre cuestiones de desarrollo mundial y, al mismo tiempo, una herramienta para la formación de políticas.

3. El IDH se estableció como medida del desarrollo en tres dimensiones: sanitaria, educativa y económica.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estableció el IDH como indicador estadístico compuesto para la medición del desarrollo en tres dimensiones: sanitaria, educativa y económica. Estas tres dimensiones se han ido incorporando año tres año con el objetivo de medir los logros "medios" respecto al desarrollo humano básico clasificado por países.

A partir del Informe sobre Desarrollo Humano de 2011, el PNUD mejora el IDH incorporando el índice de pobreza multidimensional (IPM), que mide el nivel de vida básico, el acceso a la escolaridad, agua limpia y atención en salud, y da importancia a la perspectiva de género dentro del estudio. Esta mejoría muestra más rigurosamente las desigualdades dentro de una misma sociedad y el impacto que tienen sobre el desarrollo humano.

4. Una cuarta dimensión toma fuerza en la medición del desarrollo: el bienestar

En la conjunción de estas tres dimensiones nace una más nueva que adquiere fuerza con los años: la del bienestar. Hay un interés creciente en utilizar datos subjetivos a la hora de medir el bienestar y el progreso humano y, de esta manera, dar forma a las políticas públicas.

Por ejemplo, el gobierno del Reino Unido se comprometió a analizar el uso de indicadores subjetivos de bienestar, según sugieren Stiglitz, Sen i Fitoussi (2009), mientras que Bután ha integrado los subindicadores que constituyen el Índice Nacional Bruto de Felicidad en todas las decisiones políticas públicas.

En el último  Informe sobre Desarrollo Humano, de 2013, vemos como se integran ya todos estos factores.

Fuente: Informe sobre Desarrollo Humano 2013

5. El componente de riqueza (INB) y el IDH no siempre están en consonancia

A pesar de que existe una relación entre la riqueza material y el bienestar de las personas, un mayor IDH no siempre coincide con un INB más alto. Por ejemplo, el último informe constata como Nicaragua tiene un INB inferior que el de países con un IDH menor, como es el caso de la República Democrática del Congo o Angola (¡con un INB del doble!). De esta forma, muchos países tienen un INB per cápita alto, pero IDH bajos, y viceversa. De hecho, países con INB per cápita similares tienen niveles muy diferentes de desarrollo humano.

Tal y como afirma el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, "la riqueza es una medida imperfecta del desarrollo humano". Ahora bien, cabe remarcar que la brecha negativa implica la posibilidad de reubicar recursos hacia el desarrollo humano. Y este es el reto.

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